Cuando decimos la verdad, cuidamos de nuestros hijos o nos preocupamos por alguien que esta llorando, comportamientos que nuestra moral nos indica que son buenos, no estamos mas que respondiendo hormonalmente a un sentimiento de conservación que genera una emoción motivacional, denominada homeoestasis, al igual que el sentimiento de hambre cuando nuestro cuerpo necesita nutrientes.
A través del libro El cerebro moralí (Paidús), la profesora Patricia Churchland explica cómo este órgano actúa para crear los comportamientos que el hombre interpreta como íntegros, a la vez que permite introducirse en la neurofilosofía, la disciplina que trabaja sobre la influencia que los descubrimiento relacionados con el cerebro tiene sobre los estudios filosóficos, y de la que Churchland es uno de los maximos referentes.
La base de la moral no es filosófica, sino biológica y esta diseñada para la supervivencia, según explica Churchland, ya que el origen del comportamiento que los humanos consideramos ético esta relacionado con la neuroendocrinología, la respuesta del cerebro a las hormonas, y en especial con la oxitocina (OXT). Esta sustancia regula un sistema de recompensas y castigos, placer y dolor, que se ve determinado a su vez por el aprendizaje del aspecto social, segunda parte de la moral, según la profesora.
El apego hormonal
La maternalización que se produce en el cerebro de una mujer por la segregación de OXT es el responsable del amor hacia su hijo y lo que la induce a cuidarle y protegerle. Un comportamiento positivo, que se ve reforzado por una “descarga” de opiaceos naturales cuando se comporta amorosamente con él, mientras que se sentirá angustiada cuando actúe de manera negligente. Esta misma respuesta aparece en el pequeño que se tranquiliza, por el aumento de la hormona, cuando sabe que esta a salvo con mamá. Este mecanismo de apego es el que la naturaleza ha diseñado para la conservación de la especie.
Con el mismo fin se produce un ascenso de los niveles de OXT, responsable de un estado de bienestar, cuando una persona se siente atraída por otra, si bien, nadie entiende muy bien por qué este incremento se produce con una persona y no con otras, señala Churchland.
Pero, deshecha la monogamia como una practica connatural al hombre, sino como una convención social. Si te crías en una sociedad donde la monogomia esta arraigada, tu cerebro la escoge.
La sociabilidad humana también viene determinada por ello. Para la neurofilósofa, los hombres entendieron que asociados obtenían ventajas, por lo que su cerebro desarrolla recursos para la cooperación y formas para solucionar los conflictos. Así, por ejemplo, el cerebro de manera inconsciente encuentra un bienestar “endocrino” con aquellas personas en las que encuentra rasgos de comportamiento similares a los propios, porque entiende que será más sencillo la convivencia y se integraran mejor en una sociedad.
De igual manera que recompensa decir la verdad, puesto que sabemos que con nuevos conocimientos adecuados tenemos mas posibilidades de sobrevivir.
La moral animal
Ante la evidencia de que humanos y animales comparten motivaciones en temas como la paternidad o en la creación de lazos, en especial con otros mamíferos y aves, la profesora Churchland les califica también como seres morales.
Aunque sí establece diferencia entre ellos y la raza humana. Nosotros tenemos la capacidad de generar cultura y transmitirla y de “autocontrol”, terminó que la canadiense prefiera frente a libre albedrío por la capacidad extraordinaria de planificar y evaluar las consecuencias que permite observar una gama de acciones, mientras que el libre albedrío es un todo o nada.
Todo esto es posible gracias a que el hombre tiene una corteza perifrontal mas grande y desarrollada que el resto de los mamíferos.
Sin moral universal
Aunque las respuestas a la organización de las instituciones, el sistema legal o nuestras escuelas, no van a surgir de la neurofilosofía, para Churchland descubrir que las bases del comportamiento moral no son metafísicas, sino biológicas y sociales, es decir, que la moral es algo pragmático, destierra la idea de que una determinada persona o grupo tiene el fundamento moral, suavizando ideologías y aristas políticas, permitiendo llegar a soluciones conjuntas.
Sin embargo, esto no supone la aparición de la cuestión mas importante de nuestra cultura saber en quién confiar para la obtención del conocimiento que regula la conducta.

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